¿Quién enseña a quién?

Por: Prof. Noemí García Sánchez

La Santa Biblia, versión Reina valera del 1960 cita en Deuteronomio 31:12: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley…”.

El proceso enseñanza – aprendizaje es uno que constantemente ocurre día a día en el quehacer diario. Todo proceso ocurre mediante unos pasos que se dan en el siguiente orden: recibir información, entenderla, practicarla, comprenderla, adquirir conocimiento. El maestro de Biblia ejercita este proceso en la enseñanza a los oyentes de la Palabra y a la vez es retroalimentado. Así que el maestro aprende de los alumnos y los alumnos del maestro. Este proceso se ve en la Iglesia casi siempre a través de la Escuela Bíblica.

La Escuela Bíblica es una iniciativa comunitaria que comenzó en Inglaterra como una solución a los niños que eran obligados a trabajar los siete días de la semana, y que al crecer, no sabían leer ni escribir. Al otorgarles el domingo libre, la iglesia tuvo la oportunidad de involucrarse en la enseñanza siendo la Escuela Bíblica Dominical el instrumento, y la herramienta para lograrlo, la Biblia. De esta manera, las personas lograron oír, aprender a leer  y temer al Señor.

Los componentes activos de la enseñanza son el maestro y el alumno, los cuales son respaldados por un Comité Coordinador de la enseñanza en la Iglesia. Enseñar la Palabra no es dar tu propia interpretación de ella (Compárese con 2 Pedro 1:20-21). Juntos de la mano, maestro y alumno, escudriñan las Escrituras de forma que el maestro guía al alumno a través de los versículos bíblicos aplicándose esta Palabra a la realidad cotidiana en la vida de todos y todas.

Para provocar una experiencia edificante que lleve a los componentes a través del proceso enseñanza – aprendizaje, en la Iglesia se establece el sistema consistente en distribuir a la congregación en grupos organizados mediante categorías de edades e intereses, tales como: adultos, jóvenes y niños. A la misma vez, cada grupo se subdivide de acuerdo a sus necesidades y forma de aprender. Por lo cual, el(la) maestro(a) de Biblia debe conocer las necesidades del grupo que va a enseñar para dirigir la enseñanza apropiadamente con la ayuda del Espíritu Santo.

Las características generales de cada grupo son:

Adultos: Necesitan sentir que se les ama y respeta, y que están aportando algo valioso a la clase. Desean aprender por medio de el Espíritu. Desean hablar acerca de cómo el Evangelio se aplica a su propia vida. Desean poder guiarse y responsabilizarse por aprender el Evangelio para encontrar soluciones a las dificultades que enfrentan dentro de sus familias,y cómo puede el Evangelio aplicarse a tales desafíos. Se interesan en entender las percepciones y experiencias de los demás.

Ancianos: Necesitan ayuda en cómo aceptar y tratar con enfermedades, la muerte que se les acerca, con la apatía social de sus hijos hacia a ellos, y cómo el Señor a través de su Palabra les ayuda con estos conflictos emocionales propios de la edad.

Jóvenes: Aprenden rápidamente. Necesitan ayuda con los procesos que están teniendo que les provocan rebeldía; esto es en cuanto al tipo de música que oyen, o tal vez con otra clase de problemas en sus vidas. Se puede adaptar la enseñanza a su nivel de entendimiento y a la velocidad de aprender que ellos poseen.

Niños: Aprenden de acuerdo a su edad y dependiendo de las necesidades de la misma. Parte de la enseñanza incluye la disciplina para tratarlos. Se require de estrategias variadas, técnicas de enseñanza y materiales apropiados a cada edad.

Para concluir, en cada grupo existen grandes diferencias en cuanto a sus experiencias y sus aptitudes. Unos conocen bastante bien las Escrituras. Otros saben responder con prontitud, mientras que otros necesitan más tiempo para pensar sobre una pregunta. Algunos titubean en responder voluntariamente aunque tengan mucho que decir; otros tienen dificultad para leer.
Te invito a aplicar el conocimiento de las necesidades y diferencias de cada grupo y a promover el aprendizaje  en tu clase utilizando el proceso enseñanza – aprendizaje para lograr una enseñanza efectiva a través de la Palabra en la Escuela Bíblica de tu iglesia local en la que sirve.

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Pedro Ortiz
febrero 25, 2017 8:00 pm

Excelente!!!