Clamor por una identidad integral del liderazgo II

Por Enrique A. De Jesús, Ph.D.

El nuevo movimiento histórico de pensamiento o paradigma postmoderno en casi todo el mundo impone un esterotipo generalizado de estilo de vida a las sociedades participantes. Esto influencia la identidad, el alcance y funcionalidad de organizaciones, compañías, instituciones, y las comunidades. Información de primeras fuentes como las de Carter (2006) y Zuckerbrod (2006) declara que la gente vive en una constante y fatal batalla entre gobiernos nacionales de distintos países. Ejemplo de ello lo encontramos en USA versus Afganistán, USA versus Irán, Israel versus Siria, y así sucesivamente entre otros contextos. Básicamente, las luchas se fundamentan en estar a favor o en contra  de creencias, objetos valiosos como el petróleo, desarrollo de derechos humanos que estén orientados hacia el bienestar de las comunidades, nuevos medicamentos contra plagas incurables, entre otros. Las batallas entre pueblos están casi siempre motivadas por la ambición de poderío, no sólo a nivel  nacional sino también a nivel mundial.

Consecuentemente, los ataques terroristas en Estados Unidos y Europa parecen estar a la orden del día. La frecuencia de estos eventos en muchas partes del mundo se podría comparar al momento en las mañanas o en las tardes en que muchas personas acuden a la tienda para comprar el pan o la tortilla recientemente preparados. El avance generalizado de muchos elementos sociales está fuera de control. Entre otros, figura el desarrollo de fuentes de alta tecnología en el mundo de la información combinado con el uso y aplicación incongruente de instrumentos y estrategias de baja tecnología funcional los cuales están mayormente estructurando estándares y prácticas que distan bastante de una moral que sea justa (ABC News Blogs, 2006).

Cara a los desafíos críticos a los que la humanidad se enfrenta en la actualidad, la iglesia universal de Cristo, como también su liderazgo, no quedan exentos a dichos impactos así como consecuencias en el plano individual y corporativo como sociedad. Esta situación frustrante motiva a que surjan algunas interrogantes: ¿Quiénes son los líderes realmente genuinos que podrán influenciar de manera efectiva el bienestar general de la sociedad, los trabajos, y la iglesia? ¿Quiénes son los líderes que en vez de buscar su propio beneficio y conveniencia serán capaces de dirigir a las gentes a la verdadera solución contenida en el mensaje del evangelio de salvación de nuestro Señor Jesucristo? ¿Qué cualidades deben tener los líderes para que en vez de cultivar su ego y reputación ante la audiencia pública con la intención de escalar “lugares altos” en posiciones o profesiones o ministerios eclesiásticos, sean capaces de cumplir con la Gran Comisión de nuestro Dios y Salvador en amor a las gentes?

La respuesta generalizada podría ser, esos líderes son los que se someten a un perfeccionamiento espiritual diario en la santidad de Dios; que poseen una identidad personal balanceada con su saber y saber hacer en la vida. Estos líderes con carácter de integridad en el Señor Jesucristo según su Palabra son los que pueden constituirse en una alternativa para mejorar el contexto de vida hasta el gran momento en que Cristo venga otra vez a arrebatar a su iglesia en las nubes.
CONTINUARÁ…

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