Clamor por una identidad integral del liderazgo III Por: Enrique A. De Jesús, Ph. D.

Mientras vivimos en este momento histórico de la humanidad, tanto el liderazgo eclesiástico como el de otros ambientes organizacionales enfrentan elementos presionantes de corrupción. Estos se reflejan en forma de tentación para obtener ganancias deshonestas, falsos contratos o títulos de propiedad de terrenos o edificios, obsesión por el poder y la ocupación de posiciones de influencia, entre otras formas semejantes. 

Como lo indica George (2004), existen otros muchos conflictos que representan más desafíos personales que todo líder íntegro debe superar, tales como: dirigiendo en forma equilibrada, balanceando su vida profesional y familiar, asumiendo actitud de apertura y honestidad a la hora de recontar sus presiones en cuanto al buen mantenimiento de un matrimonio saludable y otras relaciones interpersonales, una crianza sólida de los hijos, y el desarrollo de amistades adecuadas mientras viaja. Si el líder no enfrenta estos desafíos con una identidad balanceada o equilibrada, entonces podrían fácilmente aminorar su efectividad en los procesos de toma de decisiones dentro de la organización en que se desempeña. Además, podría drenar su organización hasta tal punto que socavaría sus fundamentos terminando ambos en destrucción total. 

Un liderazgo con basamento en una identidad y carácter genuinos, transparentes e íntegros pueden servir como plataforma alternativa para promover la revitalización de la educación, las relaciones sociales adecuadas, un estilo de vida sano en comunidad, y la integridad personal del líder. La identidad de cada individuo se asocia íntimamente con el carácter que se manifiesta a través de las actitudes, decisiones y acciones que toma éste. De acuerdo con Zimmerman (2001) el carácter es una “cualidad peculiar, o la suma de cualidades mediante las cuales una persona u objeto se distingue de otros. Es una mente fortalecida; resolución; individualidad; una cualidad moral; los principios y motivos que controlan la vida.” Conocer la individualidad de uno mismo es fundamental para que la persona entienda su carácter y el de otros, y cómo reaccionar ante los eventos y situaciones de vida. Tomar una conciencia más profunda de uno mismo a través del discernimiento del Espíritu Santo mediante la autorreflexión a  la luz de la Palabra Divina, podría ayudar a la sociedad actual a ser más feliz y vencer ña violencia, el miedo, y los ciclos de odio (Zimmerman, 1999).

Por otro lado, Krejcir apoya que el carácter del ser humano enfrenta diariamente experiencias de vida a través de la adversidad. Declara que el carácter que está basado en una relación creciente de vida en Cristo producirá una combinación sinergética del fruto del Espíritu de Dios. Por consiguiente, el Espíritu de Dios es el que provoca un proceso de desarrollo continuo de una espiritualidad que se origina en principios bíblicos y se demuestra a través de una vida práctica a la imagen de Dios. Para Krejcir, el carácter es una combinación congruente entre lo que somos y lo que hacemos. Favorece un alineamiento de vida de manera que nuestra conducta es similar a la de Cristo. Menciona que el “carácter es lo que somos para Dios mismos y para aquellos que están alrededor nuestro. Es el yo real… Como la comunidad de cristianos que somos debemos demostrar al mundo la forma de la verdad de Dios mediante el testimonio de su carácter. Esto muestra a una sociedad depravada, una que está confusa y en búsqueda de la verdad espiritual dondequiera qu la puedan encontrar, que la verdad está en nosotros (Krejcir, 2002, para. 2).

CONTINUARÁ…

¡Lo has logrado!

Por Enrique A. De Jesús

Dios reparte a cada seguidor fiel de Cristo dones espirituales a través de su Espíritu Santo. Algunos tendrán más, y otros tendrán menos. Lo importante no es tanto la cantidad de dones que poseamos sino más bien la manera en que los usamos.   

Nuestro Señor Jesucristo enseñó sobre el uso de los dones y/o capacidades sobrenaturales de parte de Dios a sus discípulos. El Maestro comunicó un pensamiento reflexivo a través de la parábola de los talentos (Mateo 15:14-30). En la misma, nuestro Señor estableció una comparación acerca del reino de los cielos. El dueño de la propiedad, o sea, el señor (en referencia a Dios) repartió sus bienes entre sus siervos. Estos bienes eran monedas denominadas en este caso como talentos.

El señor repartió cantidades diferentes de talentos a cada uno, según sus capacidades. Lo crucial no consistía en cuántas monedas habían recibido los siervos. El énfasis más bien está en el proceso y el resultado correspondiente del mismo. Cada siervo fue investido con libertad para multiplicar su talento utilizando diferentes pasos o procedimientos.

Cuando el señor regresa de su viaje, reúne a todos para evaluar lo que habían realizado. Todos, excepto uno, concurrieron en que hicieron algo efectivo para multiplicar lo que les había sido empoderado. Aquel uno, no hizo nada con la moneda. Simplemente, la enterró en el olvido.

Si has podido notar, el mensaje principal de la parábola de los talentos se compara muy bien con varios procesos de la educación cristiana. Los dones o talentos que reparte el señor se pueden comparar con la nueva información, el conocimiento innovador que emerge de la Palabra de Dios el cual se analiza, interpreta, reflexiona y aplica a la vida diaria. Hay que hacer algo útil con los dones que el Espíritu Santo nos reparte por gracia. Por otro lado, la enseñanza debe estar dirigida a fomentar la autonomía en la construcción o reconstrucción del conocimiento que Dios nos imparte a través de su Palabra divinamente inspirada. Consecuentemente, se utilizarán diversos procedimientos de acuerdo a las capacidades de atención y aprendizaje de los alumnos a los que estamos impactando.

Luego que los alumnos investigan sobre qué y cómo hacer para aprender y aplicar el conocimiento a nuevas situaciones de vida, se procede a realizar una evaluación. En este caso de la parábola, la evaluación fue cuantitativa y cualitativa. Fue cuantitativa en el sentido de que se espera mayor cantidad de talentos (capacidades, competencias, habilidades) al finalizar esta fase de aprendizaje y formación. Fue cualitativa, ya que el señor habla de procesos y recompensas por los logros.

El aspecto previo va más allá del supuesto concepto de éxito. En ocasiones, una persona puede ser exitosa y no haber aprendido nada por sí mismo(a), implicando que no ha ocurrido una verdadera transformación en el pensamiento ni en la conducta. La recompensa que recibió cada siervo fue declarada conforme a cómo habían realizado su tarea de multiplicación, además de los resultados. La evaluación formativa se declaró cualitativamente: “Ven buen siervo y fiel”. En otras palabras, “Lo has hecho bien; lo lograste”.

En esta temporada del año, una inmensa cantidad y variedad de instituciones educativas en Estados Unidos de América celebran actos de graduación. Particularmente, nuestros institutos bíblicos hispanos realizan este tipo de celebración. Es aquí cuando se declaran expresiones de felicitación por haber completado satisfactoriamente todos los requisitos y criterios educativos del programa que cursó cada alumno. Este es el momento del año en que le decimos a nuestros alumnos: ¡Lo lograste!