Hasta llegar al final

Hay un cántico espiritual que cita la expresión “hasta llegar al final”. Este pensamiento está relacionado con el propósito completar la tarea o la obra que uno ha comenzado a hacer. Al comenzar un trabajo, muchas personas concentran frecuentemente su interés y esfuerzo en la primera etapa tomando como criterio de éxito el producto final que esperan obtener. Sin embargo, a menudo se olvidan los procesos, o sea, el cómo se va a realizar la tarea lo cual le resta efectividad a la comprensión del significado de lo que se está haciendo. En ese sentido, se le presta mucha más importancia al producto final que a las posibles maneras alternativas de cómo progresar en el aprendizaje.

Lo anterior se confirma en la declaración que Dios emitirá hacia aquél que en el Día del Juicio Final haya vivido con una identidad santa dando mucho para la gloria de Dios. La misma cita: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor (Mt. 25:23, RV). Lo que verdaderamente habla positivamente acerca de lo que hemos hecho en el Señor es cumplir Su propósito hasta llegar al final. Esto es un reflejo de nuestra innegociable fidelidad a Dios. Terminar bien lo que Dios nos ha encomendado a hacer implica un aumento de la responsabilidad y el compromiso. Si completamos nuestra tarea de manera obediente a la Palabra de Dios, entonces obtendremos la evaluación de “bien”. Dios nos bendecirá aun de manera más abundante, dependiendo si hemos hecho las cosas en fidelidad a Él y sus principios de vida santa, pura, agradable ante Él.

Por eso, hay que terminar lo que empezamos. Hay que culminarlo de la mejor forma. Además, la gente no recordará tanto lo que empezamos. Más bien, resaltará la calidad de lo que hemos finalizado. Cuando centralizamos nuestra acción humana en esta tierra desde el cumplimiento total de la voluntad de Dios en nosotros, entonces, llegará el momento crucial en que seamos hallados fieles delante de Él. Entonces, habremos construido conocimiento poniéndolo en práctica desde una identidad santa, para poder terminar bien lo que Dios nos ha permitido realizar.

Consecuentemente, felicitamos a todos los graduados de los institutos bíblicos, la Universidad Lee, el Seminario Teológico Pentecostal, de las instituciones asociadas a la División de Educación de la Iglesia de Dios alrededor de todo el mundo, y a los que terminaron su jornada de estudios en alguna otra institución académica. ¡Lo lograron! Han culminado esta etapa de sus vidas. Lo mejor está por venir.

– Por Enrique A. De Jesús