Currículos: Discipulado y Evangelización Hispana/Latina

Alternativas curriculares

El currículum es el proyecto de vida y cultura que toda institución u organismo educativo diseña, organiza e implementa. Uno de los elementos que componen el currículum consiste de los libros de textos a utilizar en cada curso. Durante algún tiempo, hemos estado revisando este elemento en el Proyecto Nacional de Educación para los Hispanos/Latinos de la Iglesia de Dios en Estados Unidos y Canadá.

El curso al que estamos haciendo referencia en este número del boletín es el de Discipulado y Evangelización Hispana/Latina. Esta materia es electiva. El instituto bíblico tiene la prerrogativa de ofrecer, ya sea, este curso o el de Plantación de Iglesias. Los libros de textos requeridos y los complementarios están citados en el Manual del Proyecto Nacional de Educación Hispana del Departamento Nacional de Educación de la Iglesia de Dios, USAMEH.

Todo currículum debe ser relevante, que atienda a las necesidades de capacitación y educación de las gentes en sus propios contextos. Consecuentemente, vamos a incorporar dos libros de texto requeridos en el curso de Discipulado. Consisten de dos guías prácticas de discipulado: una está dirigida a recién convertidos, y la otra es útil para consolidar a los creyentes en los fundamentos de la fe en Cristo. Un aspecto digno de resaltar es que han sido redactadas, diseñadas e impresas por un pastor líder veterano de la Iglesia de Dios, en Honduras y en Estados Unidos, el obispo Florentino Luna. El Rev. Luna es pastor de una de las iglesias más crecientes de la Región Noroeste Hispana, la Iglesia de Dios en San Leandro, California. El ministerio del pastor Luna ha sido clave en la formación de grupos de hogar que centralizan sus enseñanzas y formación cristiana en el discipulado bíblico.

Para más información y pedidos puede referirse a:

105 Dutton Ave. San Leandro, CA
Tel. (510) 913-4897


Para más información sobre oportunidades académicas y educación ministerial en la Iglesia de Dios visite www.usameh.org, la división de educación hispana de la Iglesia de Dios en los Estados Unidos y Canadá. También puede llamar via nuestra línea telefónica directa, +1 (423) 478-7231 [Horarios de oficina: Lunes a viernes, 8 AM – 5 PM].

El valor de los estudios teológicos

Recientemente, estaba escuchando a dos egresados de una universidad teológica hablar acerca de sus respectivos planes de estudios posgraduados. Hablaban de posibilidades, intereses, campos de estudio, y no podía faltar en la charla la discusión sobre los costos. Entre todos los argumentos que se dialogaron, uno de ellos expresó que se debe estar muy decidido a proseguir con la carrera ministerial si no se está becado, pues la cuantiosa deuda perdurará prácticamente para el resto de la vida, y como la jornada ministerial no persigue el propósito de lucrarse, a duras penas alcanzaría para asumir esa responsabilidad financiera.

Este es un debate que se puede seguir fraccionando ya que existen innumerables factores que pueden influir o cambiar las circunstancias del estudiante prospecto. Pero, continúa permeando una realidad innegable: estudiar es costoso. Y en términos ministeriales, dado que el ministerio en esencia no es para el lucro (y sé que eso es un tema muy amplio, intrincado y definitivamente para otro foro), realmente hay que considerar si el compromiso económico es algo que valga la pena cuando se vive dedicado por entero a la obra del Señor. Me parece que puedo escuchar a muchos buenos ministros suspirar “a fin de cuentas el mucho estudio es fatiga de la carne”. Sin embargo, este asunto es mucho más complicado como para reducirlo meramente a la esfera económica. Podemos hablar acerca de la fe, que sirve como fundamento para algunos cuando dicen con gran entusiasmo: “Dios proveerá según sus riquezas en gloria”, lo cual se confirma cuando se asume el reto de continuar con los estudios a pesar de todo. Entre otros factores influyentes de la decisión de cursar estudios teológicos, podemos hablar acerca de la necesidad de tener más oportunidades de becas, o de tener más programas diversos y propuestas de asistencia financiera que se ajusten a aquellos que ya se dedican por completo a una obra ministerial. Y en este momento, quiero resaltar que de ninguna manera estoy implicando que tales programas y oportunidades no existen, como tampoco pretendo criticar los ofrecimientos existentes. Me refiero más bien que a pesar de la diversidad de oportunidades y programas que puedan existir, siempre existe candidatos con gran potencial que no cualifican para los mismos.

Examinemos ahora el asunto de si vale o no la pena estudiar a pesar de las atenuantes antes mencionadas. Secularmente, se nos motiva a proseguir carreras de estudio prolongadas que tienen potencial de remunerarnos económicamente. Esas carreras, por supuesto, son sumamente costosas. Se suman préstamos sobre préstamos con la “conveniencia” de comenzar a pagarlos unos cuantos meses después de haber culminado los estudios bajo la idea (ilusa) de que ya para ese tiempo se ha alcanzado un empleo a la altura de los estudios que se han completado, y que subsecuentemente le han permitido acumular un buen ingreso. Por otro lado, hay quienes prosiguen estudios de posgrado sin pensar en la remuneración económica, sino más bien en la satisfacción vocacional. Hay personas que han escogido carreras dedicadas al servicio comunitario o a causas humanitarias que realmente no les conducen al lucro, sino a tener lo suficiente para vivir justamente. Podríamos hacer referencia a muchos otros casos y ejemplos. Entre ellos, tenemos a los ministros dedicados completamente a la obra, cuya motivación no consiste en las presiones o causas sociales, ni en el lucro personal, ni en el estándar que puedan alcanzar con los títulos obtenidos (nuevamente, existen innumerables variables y casos que se alejan por completo de este cuadro). Hablo de los siervos de Dios con un corazón genuino; personas cuyo legítimo interés es dar a conocer el plan de salvación de Jesucristo a toda criatura, en cualquier contexto donde Dios les llame, a pesar de toda situación limitante. Quienes hemos reconocido la indisputable verdad de ese maravilloso plan y única vía de reconciliación con Dios, sabemos que no hay costos que puedan ser escatimados para cumplir tal cometido, pues el mismo vale la vida misma.

La expresión anterior no tiene la intención de un sonar poético. Al igual que cuando Jesús dijo que todo el que quiera ir en pos de Él debe tomar su cruz y seguirlo, tampoco fue una expresión poética. La cruz es sinónimo de vergüenza, de sacrificio, y de muerte. Realmente, hay que estar dispuestos a renunciar a todo para ser aptos para llevar a cabo el sagrado llamado que hemos recibido. Personalmente, opino que en tanto sea factible en la realidad presente de un ministro el poder continuar con sus estudios, definitivamente es algo que debe hacerse. Mientras más eficaces sean nuestros ministerios, más efectivos serán nuestros esfuerzos. Además, los estudios son de gran ventaja, sobre todo por los retos que nos presenta la actual sociedad y el estado moral en que se encuentra. Nuestro mensaje no puede ser tautológico, excéntrico ni rígido. Debemos ser capaces de proveer respuestas y soluciones Bíblicas tangentes a los problemas más complejos de la decadente humanidad, tomando en consideración los giros y vueltas históricas, sociales y culturales.

Por eso, la preparación académica formal se convierte de esta forma en un portal que nos permite tener un mejor alcance, una mayor comprensión, no sólo de la Palabra de Dios, sino también de la audiencia a quien va dirigida. Entonces, regresando a la pregunta inicial, ¿valdrá la pena (y el gasto de dinero) poder tener la oportunidad de ser más efectivos, de tener un mayor alcance y de poder impactar a un mayor número de personas? No se puede añadir más que concluir que a fin de cuentas es un asunto de valorización personal. Prosigamos al blanco capacitándonos cada vez más y mejor para la gloria de Dios.

– Por Valerie Hernández