¡No más “Educastración”!

Me propongo hacer énfasis en uno de los tantos temas que abarca la educastración. La educastración es una palabra compuesta de “educación” que significa formar o instruir, y “castración” que hace referencia a la técnica quirúrgica destinada a retirar los órganos sexuales con lo que se impide la reproducción.

Así que uniendo estas dos palabras, este concepto apunta al tipo de formación académica recibida que inhabilita nuestra capacidad para fomentar ideas y la genialidad innata que todos poseemos por diseño. En otras palabras, pudiésemos decir que la educastración “MATA EL GENIO QUE HAY EN MI”.

Educar, (en forma simplificada) significa instruir en conocimiento. En la Palabra de Dios se establece una responsabilidad a los padres de instruir al niño en su camino. Todos merecemos y debemos ser educados. Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios y era poderoso tanto en palabras como en acciones. El apóstol Pablo fue educado a los pies del famoso maestro Gamaliel. También Pablo amonesta a Timoteo a que recuerde sus enseñanzas que desde niño recibió.

¿En qué formas somos educastrados?

Hoy día, diversos sistemas educativos han limitado el potencial de muchos niños encerrándolos en un currículo predeterminado impidiéndoles a su vez maximizar su creatividad. Se dice que el 98% de los niños son esencialmente “genios” en potencia. A lo que cabe preguntar: ¿En qué momento perdimos la genialidad?

Podemos observar que uno de los problemas que encontramos hoy día y al cual deseo hacer especial énfasis es la alta incidencia de analfabetismo. El concepto “Analfabeta” viene de una palabra griega compuesta por la partícula “a” que significa “sin”; y las letras Alfa y Beta las cuales son las primeras letras del abecedario griego; literalmente significa: “Sin Alfa y sin Beta”. Existen diferentes formas de analfabetismo, entre ellos: el absoluto, el gramatical, el tecnológico y el funcional.

Cuando mencionamos el analfabetismo absoluto, hacemos referencia a la incapacidad para leer y escribir. Es alarmante la estadística que estima en más de 850 millones la cantidad de analfabetos absolutos entre la población mundial, de los cuales el 98% vive en países en vías de desarrollo, y un 12% es atribuido a América Latina. Por otra parte, también es considerado el analfabetismo gramatical, el cual hace referencia a la incapacidad de escribir de acuerdo a las reglas de ortografía, Ej. gente que escribe burro con “v” o asno con “h”. De igual forma, se incluye el analfabetismo tecnológico que hace referencia a la incapacidad de utilizar nuevas tecnologías en la era digital, ya sea por prejuicio, pereza o falta de interés. Y por último, también hacemos mención a lo que se denomina como el analfabetismo funcional, el cual señala la incapacidad de un individuo para construir ideas y desarrollar criterios con base a su comprensión de lectura, es decir, son personas que saben leer y escribir pero carecen de una estructura analítica y crítica sobre lo que se estudia. No son capaces de formar frases e interrelacionarlas, de ahí que no pueden seguir instrucciones por escrito aunque saben leer de forma mecánica. Personas que incluso han obtenidos altos grados o niveles académicos, pero a la hora de ejercer y poner en práctica sus conocimientos, dan la impresión de que no entienden o incluso no conocen su función. No podemos permitir que la falta de educación continúe afectando el alto porcentaje de nuestra población. Un ejemplo de analfabetismo funcional lo encontramos en el capítulo ocho del libro de los Hechos, en el caso de Felipe y el etíope:

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo (el eunuco) ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentare con él.”

Restauremos la educación

Jesús es el ejemplo máximo como educador. No cabe duda que el mejor educador de todos los tiempos fue Jesús de Nazaret! Si miramos su ministerio desde una perspectiva educativa, podríamos decir que su ministerio se basó en la educación. Se dice que por tres años y medio educó y transformó un grupo de hombres analfabetos (aunque no todos) y disfuncionales, en grandes maestros de su Evangelio. Tal fue su impacto en la gente, que aun después de su muerte, la gente reconocía que en el pasado ellos eran hombres sin letras y del vulgo (Hechos 4:13).

Los analistas estiman en términos de porcientos que el Ministerio de Jesús era 10% de milagros y sanidad divina y un 90% de enseñanza. ¿Por qué la enseñanza? Porque las religiones del tiempo de Jesús habían educastrado a la gente. Esto se ve ejemplificado en el discurso del Sermón del Monte.

Los neurólogos descubrieron un fenómeno que se conoce como neuroplasticidad mediante el cual cada vez que aprendes algo, tu cerebro cambia. Es interesante que la neurociencia confirma que para formar nuevos criterios y cambiar una vieja estructura de pensamiento se necesitan 10,000 horas. Veamos: ocho horas por día, sumaron exactamente tres años y medio; ese es el tiempo que estuvo Jesús educando a sus discípulos. Es decir, Jesús, los liberó de la educastración religiosa.

A modo de conclusión, les cito lo que el rey Nabucodonosor utilizó como criterio a la hora de escoger los jóvenes que estarían con él en el palacio:

“Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. ENSEÑA a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia”. Daniel 1:4 (NTV).

– Por Dolly S. Muñiz