En ayuno y oración: Vida de oración de Jesús

Por Revda. Odaris R. De Jesús

Desde niña me llamó la atención la manera de orar de mi Padre. Antes que saliera el sol, ya estaba orando y sólo se podía oír un silbido apacible en el lugar donde estaba arrodillado. Fui creciendo y observando su sincera devoción y cómo dedicaba tiempo a solas con el Señor. Cuando salía el sol, se levantaba a decirle: “Te gané hoy en hablar con Dios”. Mientras crecía pude apreciar que su vida de oración, en ocasiones combinadas con ayunos, traían alegría, gozo y esperanza en medio de cualquier situación que estuviésemos experimentando como familia misionera. Los años que viví en la casa de mi padre declaraban su profundo y apasionado amor en el propósito de seguir los pasos de la vida de Jesucristo. ¿Qué podemos aprender de este ejemplo? Durante el mes de diciembre, dirigimos a la congregación que pastoreamos (entre otros ministerios que lideramos), leímos el libro de Lucas. Así que mayormente mi perspectiva va a ser de este libro, aunque no voy descartar contenidos de otros evangelios sinópticos.

Según la narrativa de Lucas 2:42, Jesús fue criado en seguir e imitar los pasos del Padre Celestial. Esto lo vemos cuando Jesús, teniendo a penas doce años de edad, llega a Jerusalén a celebrar la fiesta de la Pascua junto con sus padres terrenales como era la costumbre judía. Después de celebrar la festividad, los padres de Jesús regresaron a su hogar. En el camino se percataron que Jesús se había quedado atrás. Durante tres días le buscaron, muy probablemente con desesperación. Finalmente, cuando sus padres llegan a Jerusalén de nuevo, encuentran a Jesús en el templo hablando con los doctores de la ley. Como algo normal, sus padres inquieren lo que había ocurrido. Su respuesta fue: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” De acuerdo con las costumbres judías, los muchachos de esa edad hacen el Bar y bat mitzvá, o sea, una ceremonia en la que se convierten en personas 2 responsables de sus propias acciones pues han llegado a nueva etapa de vida. Sin embargo, en el v.51 se presenta la actitud de Jesús como la de un hijo que estaba sujeto a José y María.

Cuando Jesús declara una parte de su misión, advierte que era responsable de participar en los negocios de su Padre celestial. El mismo Hijo de Dios dijo en otra ocasión que su casa (el templo), casa de oración sería llamada. Luego, varios de los Evangelios del Nuevo Testamento mencionan eventos en los cuales Jesús iba a la sinagoga a leer e interpretar las Sagradas Escrituras; a hablar acerca de la buena nueva noticia de salvación; a enseñar acerca del Reino de los cielos; en fin, a modelar una vida de intimidad con el Dios y Padre de todos los que le reconocen en su ser.

Entonces, ¿Qué podemos aprender de vida de oración de Jesús? Jesús siempre cree en la oración y en el ayuno. Al comienzo de su ministerio vemos que oró y ayunó por 40 días. En Lucas 3 y 4 nos relata este evento. Separado de todos y en un lugar apartado, sin distracciones, llega al desierto donde libra grandes tentaciones. Muchas veces en el Nuevo Testamento vemos que Jesús se aparta de sus discípulos para orar, hablar con su Padre celestial.

Es necesario que como creyentes en Cristo practiquemos tanto la oración como el ayuno. El ayuno sirve para purificar nuestro cuerpo; la oración purifica el alma y el espíritu. Actualmente, investigaciones médicas declaran que ayunar es bueno para la salud; nos ayuda a evitar enfermedades crónicas, siempre tomando las medidas necesarias en cada caso. Si Dios siembra en el corazón la intención de ayunar, hay que también considerar las condiciones físicas y de salud. El ayuno debe hacerse con un propósito definido, siempre con la ayuda y dirección del Espíritu de Dios. Estamos viviendo tiempos duros y difíciles en toda la humanidad. Desastres naturales por todo el mundo, rumores de guerra, inmoralidad, tal 3 como dice la Palabra de Dios. Es tiempo de consagrar nuestras vidas cada día más y separar momentos para salir de la rutina cotidiana en una búsqueda apasionada por el rostro del Señor mientras pueda ser hallado. Jesús enseñó a orar a sus discípulos. Los discípulos le piden que les enseñe a orar. Entonces, les da un ejemplo que consiste en varias acciones: adorar; exaltar a Dios; reconocer su grandeza y señorío; rogar por las necesidades básicas, como es el alimento; arrepentirse; perdonar a otros; pedir Su protección en la tentación y que nos libre ella.

A Dios le gusta que nosotros como sus hijos le pidamos sólo a Él pues no comparte su gloria con nada ni nadie. Si pedimos nos da, si le llamamos nos responde. Dios quiera que nosotros tengamos una relación cercana, íntima, de confianza y amistad sincera con Él.

Jesús nos invita a orar. Jesús, modela, enseña y lleva a sus discípulos a practicar la oración. Nos da ejemplo, pero dice que seamos espontáneos, humildes, de tal manera que no sea para avergonzar a otros. En una ocasión un pastor comenzó a orar en voz fuerte divulgando los problemas de las personas de la congregación. Aunque lo hacía sin mala intención, violó la ética de la confidencialidad. La oración no es un momento para exponer los pecados de los hermanos en la fe. Por lo contrario, la oración debe ser para cultivar nuestra relación con Dios y no para presumir que oramos más largo que otros o que usamos palabras elocuentes.

Nuestra actitud debe ser como la de Cristo, humilde, a solas con Dios, separado o en grupos. Esto me recuerda las palabras de oración que salían de los labios de mi padre en forma de susurro; sólo Dios las oía y entendía. El Espíritu Santo nos va a dar las palabras necesarias en el momento que nos dispongamos a orar.

Antes de morir, Jesús oró tan profundamente que su sudor era como gotas de sangre. A veces, nos encontramos en situaciones que tenemos que 4 llorar y gemir ante Dios. Ante todo, debemos asumir la actitud de Jesús que la voluntad de Dios es mejor que la nuestra.

Así, como familia, procuremos cada día modelar a nuestros hijos y congregación que necesitamos orar sin cesar. Si no fuera por esa comunión con el Señor, no sé dónde estaríamos hoy.


Sobre la autora

Rev. Odaris Rodríguez De Jesús es la esposa del Dr. Enrique A. De Jesús, Director de Ministerios Educacionales Hispanos en E.E.U.U. (USAMEH) y Canadá y pastora asistente de la Iglesia de Dios Camino de Vida.

Mural USAMEH 2018

Inauguración Mural de Exhibición Premio Educador Hispano 2018

El pasado lunes, 12 de febrero de 2018, el Departamento de Ministerios Educacionales Hispanos en Estados Unidos asociado a la División de Educación de la Iglesia de Dios, inauguró un mural de exhibición en una de las paredes principales del Edificio de Discipulado y Educación en las Oficinas Internacionales. El propósito principal del lugar de exhibición es mostrar los Premios a Educadores Hispanos en Estados Unidos y Canadá que se han otorgado en varias cumbres educativas nacionales de la Fraternidad Internacional de Educadores y Líderes en USA (FIEL USA). Esta inauguración ha marcado un momento histórico en las Oficinas Internacionales de la Iglesia de Dios y en toda la comunidad hispana, ya que es la primera vez en 132 años de historia de nuestra denominación que se designa un espacio oficial con un mural de exhibición en la División de Educación a nivel mundial; esto para reconocer a educadores hispanos/latinos para reconocer dichos educadores (entre los cuales aparecen varias mujeres distinguidas).

Como parte de la ceremonia, el Dr. Enrique A. De Jesús, actual director del Departamento de USAMEH, ofreció un trasfondo bíblico sobre la inscripción y aceptación de nombres de personas en muros del templo de Dios (“Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. Isaías 56:5”). Luego, el Dr. David Ramírez, tercer supervisor general asistente y director divisional ejecutivo de la División de Educación expuso un breve y motivador discurso de celebración y afirmación ante una decena de líderes de la cabecera que sirvieron como testigos del evento. Finalmente, se realizó el corte de cinta cerrando con un tiempo de compañerismo y confraternidad acompañados de refrigerios.

El mural ha sido el fruto de la gestión y trabajo de varios años, hasta concluir en un diseño dinámico, contemporáneo, colorido y a la vez transparente que hace referencia al uso de placas en acrílico que pueden actualizarse con facilidad. En el centro del mural aparecen los que han servido como directores del Departamento de Ministerios Educacionales Hispanos. En la columna de la izquierda, se presentan los premios principales al Educador Hispano USA. Finalmente, la columna derecha presenta placas con los nombres de las menciones honoríficas
de cada evento de premiación.

El Premio al Educador Hispano en Estados Unidos de América se inició durante el FIEL USA 2011, celebrado en el Seminario Teológico Pentecostal de Cleveland, Tennessee, como iniciativa del Dr. Enrique A. De Jesús, actual director nacional de USAMEH. El motivo principal consiste en reconocer públicamente el trabajo abnegado, esforzado y honroso de laicos y/o ministros latinos de la Iglesia de Dios en EE. UU. que se han destacado en el ministerio de la educación cristiana, ministerial o teológica. Después de ser evaluados utilizando varios criterios establecidos, los candidatos al premio y a las menciones honoríficas son electos cada dos años; nominados por los obispos administrativos hispanos en EE. UU.; y seleccionados por un comité multifacético designado para dichos efectos. Ellos se encargan de seleccionar al Educador Hispano USA y a las Menciones Honoríficas.

Los premios se otorgan bianualmente durante la actividad de FIEL USA. Los nombres de los directores nacionales y educadores premiados desde el año 2011 hasta el 2017 son los siguientes:

Directores Nacionales Departamento de Ministerios Educacionales Hispanos

2006-2008 – Dr. Rodolfo Girón
2008-2010 – Dr. Rigoberto Ramos
2010 al presente – Dr. Enrique A. De Jesús

Premio Educador Hispano USA

2011- Dr. Esdras Betancourt, Dr. Héctor Camacho, Dr. Rigoberto Ramos
2013- Raymond Figueroa
2015- Jacqueline Carpio, Héctor De Ycaza, José Raúl Febus, John Girón, Francisco Jiménez,
Imer Jehú Monroy, Luz Peña, Rubén Pérez Torres, Moyce Polanco y Rafael Robles.
2017- Dr. Rolando Betancourt

Menciones Honoríficas

2011- Lorraine Alton, James Beaty, Herbert Frazier, Bill George, Vessie Hargrave,
William R. McCall, Roland Vaughan.
2013- Víctor Atreche, José Cedillo, Daniel Rivera, Pedro Villareal
2015- No hubo menciones honoríficas
2017- Lemuel Ayala, Taynna Cabrera, Mayra Vega

El Departamento de Ministerios Educacionales Hispanos en Estados Unidos y Canadá
expresa su más sincera admiración hacia todos los Educadores Hispanos que trabajan
arduamente para educar a mas siervos útiles en las manos de nuestro Señor. Gracias por su
trabajo, dedicación y amor por la educación y enseñanza que brinda a nuestra comunidad
hispana.

Clamor por una identidad integral del liderazgo II

Por Enrique A. De Jesús, Ph.D.

El nuevo movimiento histórico de pensamiento o paradigma postmoderno en casi todo el mundo impone un esterotipo generalizado de estilo de vida a las sociedades participantes. Esto influencia la identidad, el alcance y funcionalidad de organizaciones, compañías, instituciones, y las comunidades. Información de primeras fuentes como las de Carter (2006) y Zuckerbrod (2006) declara que la gente vive en una constante y fatal batalla entre gobiernos nacionales de distintos países. Ejemplo de ello lo encontramos en USA versus Afganistán, USA versus Irán, Israel versus Siria, y así sucesivamente entre otros contextos. Básicamente, las luchas se fundamentan en estar a favor o en contra  de creencias, objetos valiosos como el petróleo, desarrollo de derechos humanos que estén orientados hacia el bienestar de las comunidades, nuevos medicamentos contra plagas incurables, entre otros. Las batallas entre pueblos están casi siempre motivadas por la ambición de poderío, no sólo a nivel  nacional sino también a nivel mundial.

Consecuentemente, los ataques terroristas en Estados Unidos y Europa parecen estar a la orden del día. La frecuencia de estos eventos en muchas partes del mundo se podría comparar al momento en las mañanas o en las tardes en que muchas personas acuden a la tienda para comprar el pan o la tortilla recientemente preparados. El avance generalizado de muchos elementos sociales está fuera de control. Entre otros, figura el desarrollo de fuentes de alta tecnología en el mundo de la información combinado con el uso y aplicación incongruente de instrumentos y estrategias de baja tecnología funcional los cuales están mayormente estructurando estándares y prácticas que distan bastante de una moral que sea justa (ABC News Blogs, 2006).

Cara a los desafíos críticos a los que la humanidad se enfrenta en la actualidad, la iglesia universal de Cristo, como también su liderazgo, no quedan exentos a dichos impactos así como consecuencias en el plano individual y corporativo como sociedad. Esta situación frustrante motiva a que surjan algunas interrogantes: ¿Quiénes son los líderes realmente genuinos que podrán influenciar de manera efectiva el bienestar general de la sociedad, los trabajos, y la iglesia? ¿Quiénes son los líderes que en vez de buscar su propio beneficio y conveniencia serán capaces de dirigir a las gentes a la verdadera solución contenida en el mensaje del evangelio de salvación de nuestro Señor Jesucristo? ¿Qué cualidades deben tener los líderes para que en vez de cultivar su ego y reputación ante la audiencia pública con la intención de escalar “lugares altos” en posiciones o profesiones o ministerios eclesiásticos, sean capaces de cumplir con la Gran Comisión de nuestro Dios y Salvador en amor a las gentes?

La respuesta generalizada podría ser, esos líderes son los que se someten a un perfeccionamiento espiritual diario en la santidad de Dios; que poseen una identidad personal balanceada con su saber y saber hacer en la vida. Estos líderes con carácter de integridad en el Señor Jesucristo según su Palabra son los que pueden constituirse en una alternativa para mejorar el contexto de vida hasta el gran momento en que Cristo venga otra vez a arrebatar a su iglesia en las nubes.
CONTINUARÁ…

¿Quién enseña a quién?

Por: Prof. Noemí García Sánchez

La Santa Biblia, versión Reina valera del 1960 cita en Deuteronomio 31:12: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley…”.

El proceso enseñanza – aprendizaje es uno que constantemente ocurre día a día en el quehacer diario. Todo proceso ocurre mediante unos pasos que se dan en el siguiente orden: recibir información, entenderla, practicarla, comprenderla, adquirir conocimiento. El maestro de Biblia ejercita este proceso en la enseñanza a los oyentes de la Palabra y a la vez es retroalimentado. Así que el maestro aprende de los alumnos y los alumnos del maestro. Este proceso se ve en la Iglesia casi siempre a través de la Escuela Bíblica.

La Escuela Bíblica es una iniciativa comunitaria que comenzó en Inglaterra como una solución a los niños que eran obligados a trabajar los siete días de la semana, y que al crecer, no sabían leer ni escribir. Al otorgarles el domingo libre, la iglesia tuvo la oportunidad de involucrarse en la enseñanza siendo la Escuela Bíblica Dominical el instrumento, y la herramienta para lograrlo, la Biblia. De esta manera, las personas lograron oír, aprender a leer  y temer al Señor.

Los componentes activos de la enseñanza son el maestro y el alumno, los cuales son respaldados por un Comité Coordinador de la enseñanza en la Iglesia. Enseñar la Palabra no es dar tu propia interpretación de ella (Compárese con 2 Pedro 1:20-21). Juntos de la mano, maestro y alumno, escudriñan las Escrituras de forma que el maestro guía al alumno a través de los versículos bíblicos aplicándose esta Palabra a la realidad cotidiana en la vida de todos y todas.

Para provocar una experiencia edificante que lleve a los componentes a través del proceso enseñanza – aprendizaje, en la Iglesia se establece el sistema consistente en distribuir a la congregación en grupos organizados mediante categorías de edades e intereses, tales como: adultos, jóvenes y niños. A la misma vez, cada grupo se subdivide de acuerdo a sus necesidades y forma de aprender. Por lo cual, el(la) maestro(a) de Biblia debe conocer las necesidades del grupo que va a enseñar para dirigir la enseñanza apropiadamente con la ayuda del Espíritu Santo.

Las características generales de cada grupo son:

Adultos: Necesitan sentir que se les ama y respeta, y que están aportando algo valioso a la clase. Desean aprender por medio de el Espíritu. Desean hablar acerca de cómo el Evangelio se aplica a su propia vida. Desean poder guiarse y responsabilizarse por aprender el Evangelio para encontrar soluciones a las dificultades que enfrentan dentro de sus familias,y cómo puede el Evangelio aplicarse a tales desafíos. Se interesan en entender las percepciones y experiencias de los demás.

Ancianos: Necesitan ayuda en cómo aceptar y tratar con enfermedades, la muerte que se les acerca, con la apatía social de sus hijos hacia a ellos, y cómo el Señor a través de su Palabra les ayuda con estos conflictos emocionales propios de la edad.

Jóvenes: Aprenden rápidamente. Necesitan ayuda con los procesos que están teniendo que les provocan rebeldía; esto es en cuanto al tipo de música que oyen, o tal vez con otra clase de problemas en sus vidas. Se puede adaptar la enseñanza a su nivel de entendimiento y a la velocidad de aprender que ellos poseen.

Niños: Aprenden de acuerdo a su edad y dependiendo de las necesidades de la misma. Parte de la enseñanza incluye la disciplina para tratarlos. Se require de estrategias variadas, técnicas de enseñanza y materiales apropiados a cada edad.

Para concluir, en cada grupo existen grandes diferencias en cuanto a sus experiencias y sus aptitudes. Unos conocen bastante bien las Escrituras. Otros saben responder con prontitud, mientras que otros necesitan más tiempo para pensar sobre una pregunta. Algunos titubean en responder voluntariamente aunque tengan mucho que decir; otros tienen dificultad para leer.
Te invito a aplicar el conocimiento de las necesidades y diferencias de cada grupo y a promover el aprendizaje  en tu clase utilizando el proceso enseñanza – aprendizaje para lograr una enseñanza efectiva a través de la Palabra en la Escuela Bíblica de tu iglesia local en la que sirve.

Mejor educarse que...

Mejor educarse que…

En cierta reunión celebrada hace varios años atrás, se estaba ofreciendo un resumen de progreso de varios ministerios. Uno de los ministros que informaron, habló con diligencia, pasión y muy organizadamente. Uno de los miembros, con bastante preparación académica, le dijo lo siguiente al informante: “la letra mucha letra mata…” Supuestamente, este miembro se estaba basando en el versículo de 2 Corintios 3:6 donde el apóstol Pablo se refiere a otro asunto totalmente diferente según el contexto del libro bíblico citado a medias. Tal parece que era más una crítica no constructiva sino descontextualizada de las Sagradas Escrituras que una expresión sabia y prudente. En vez de servir de motivación y dinamismo en el Señor, lo que se percibía era un ambiente de desconocimiento e ignorancia.

La dinámica anterior trae a mi memoria un adagio que mis abuelos y padres referían con frecuencia: “La ignorancia es atrevida”. Recuerdo que enfáticamente me estimulaban a prepararme académicamente hasta lo más altos niveles que pudiera alcanzar ya que ellos no tuvieron la misma oportunidad ni recursos. Mientras crecía, fui tomando conciencia acerca de la exhortación amorosa y sensata de mis predecesores. Sin embargo, escuchaba lo contrario, aún desde muchos “púlpitos”. A pesar de todo obstáculo psíquico o espiritual que muchos intentaron infundir, finalmente “las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”. Esto ocurrió cuando decidí escuchar la voz firme y dulce del Espíritu Santo que me encomendaba a estudiar en la universidad; posteriormente, en el Seminario; actualmente, en la finalización de un doctorado en educación de la Universidad Complutense de Madrid. Todo ello lo digo no por vanagloria; sino más bien como una palabra de ánimo a jóvenes y adultos latinos que declara: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Si yo lo pude lograr en Dios aunque siendo pobre y saliendo de un lugar que ni la policía se atrevía a entrar debido al alto nivel de incidencia criminal que prevalecía en la comunidad, tú también puedes en el Señor.

El Libro Sagrado dice en Eclesiastés 7:11-12 (RV1960) que “Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.” Es cierto que todo es vanidad en la vida, todo es pasajero según Qohelet, el predicador del libro. Por otro lado, también es menester que nos gocemos en el fruto de nuestro trabajo en el Señor, donde la sabiduría es mejor que la fuerza y que las armas de guerra; donde la ley de Dios (la letra) es más dulce que la miel que la que destila del panal de la abejas. Es aquí donde podemos declarar que la ignorancia, aunque es gratuita y al alcance de los perezosos, puede acarrear consecuencias funestas, mucho más costosas que cualquier educación que procuremos.

En pleno siglo 21, algunos se surten de excusas artificiosas para no salir de la ignorancia. Unos dicen que la educación es costosa. Otros, se refieren a ella como si de un espíritu demoníaco se tratara. Pero los que servimos a un Dios vivo, conocedor de todas las cosas, no somos como los que retroceden en sus propios pensamientos o excusas. Nosotros, debemos ser “como los que sueñan” en Cristo. Nosotros, debemos procurar la sabiduría de Dios, especialmente en medio de tiempos tan difíciles como los actuales. Nosotros, debemos prepararnos y educarnos a pesar de todo. Mejor es educarse de acuerdo con la voluntad de Dios que ser desconocedores y cavilar confusos acerca de lo que seremos o lo que haremos con lo que creemos saber.

– Por Enrique A. De Jesús

Cuando era pequeño: Sentido de destino de Dios

Cuando era pequeño, recuerdo que en casi todas las materias que se cursaban a nivel elemental en la primaria presentaban en algún momento la interrogante: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Dependiendo de la edad que teníamos y de las circunstancias del entorno donde nos criamos, surgían diversas respuestas interesantes: “Yo quiero ser…bombero, policía, pelotero (beisbolista), médico,” entre muchas otras alternativas vocacionales. Para ese entonces, labor ministerial no se había profesionalizado al punto de considerarla como una alternativa ocupacional.

Lo que capta mi atención sobre lo anterior, es que, para ese entonces, tal parecía que la mayoría de los niños y niñas del aula de clases demostraban seguridad acerca de su identidad y propósito en la vida, todo ello proyectado hacia el futuro. En contraste con el tiempo actual, y sin ánimo de minimizar o criticar adversamente, he formulado la misma pregunta a niños y jóvenes de nuestras iglesias en algunos países como España, Puerto Rico, Estados Unidos inclusive. La respuesta frecuente es: “No sé.” Lejos de reflejar solidez en las creencias o firmeza acerca de planes futuros en la vida, la respuesta denota confusión, sentido de identidad inestable, que comúnmente se evidencia a través de una actitud de inseguridad emocional, falta de autoestima o autovalúo positivo, poca o ninguna definición del propósito de Dios en la vida personal.

Ante tal la situación que se está viviendo en múltiples contextos con muchos de nuestros hijos e hijas en la iglesia, la educación cristiana se postula como una herramienta de profunda utilidad. Por ejemplo, fue a través de las enseñanzas de la escuela bíblica de la Iglesia de Dios donde me desarrollé en términos espirituales, que recibí luz y claridad a lo que deseaba ser y hacer con mi vida. La Palabra de Dios, bien enseñada además de modelada por mis maestros, pastores y líderes, me ofreció una alta definición de mi propósito de existencia, un sentido de destino asegurado bajo el amparo divino. Aun siendo pequeño, fue la Palabra la que trajo convicción a mi corazón para humillarme en petición de perdón delante de la presencia de Dios. Aun cuando fui creciendo, fue la Palabra la que abrió una conexión directa con el Espíritu Santo para conocer lo que Él quería que yo fuera cuando fuera grande. Aunque las aspiraciones que declaraba cuando era niño eran apreciadas como dignas ante la sociedad, Dios tenía unos planes mejores, superiores, más altos que mi propia autoestima o capacidad como persona, diferentes a mis propios deseos, intenciones o planes.

Al llegar a mi adultez joven, en vez de que otros me preguntaran qué quería ser cuando fuera grande, tuve que hacerle la siguiente pregunta a mi Salvador: ¿Qué Tú quieres que yo sea? Ante la respuesta de Dios, tuve que negarme a mí mismo, a mis aspiraciones a ser médico, aun cuando había sido aceptado en dicha facultad universitaria. Entonces, pude decirle por el Espíritu: “Heme aquí, haz conmigo lo que Tú quieras.” La educación cristiana que había recibido de mis mentores y líderes en el Señor, de mi madre natural, y de mis amigos,me había brindado fortaleza para reforzar una identidad que fuera a la imagen y semejanza de Dios, y así poder realizar aquello a lo cual Dios me había enviado a ser y hacer para Su gloria y Honra. Por eso, creo y afirmo que las generaciones emergentes a las cuales estamos impactando, merecen conocer bien la Palabra de Dios; necesitan de maestros(as) ungidos por el Espíritu de Dios, que tracen bien la Palabra de verdad en los corazones de sus discípulos. De esta manera, demostramos que somos dirigidos por Él y que vivimos para Él y veremos el fruto apacible y agradable ante Dios de generaciones nuevas, con una identidad definida sólida en Cristo, un futuro prometedor, un sentido de destino bajo el amparo del Altísimo. Eduquemos para formar, y aprendamos para crecer.

– Por Enrique Adrián de Jesús