El arte de escuchar

Por Noemí García Sánchez y Enrique A. De Jesús

Somos seres sociales, por lo que las personas necesitamos comunicarnos. La comunicación es el proceso que permite dar o compartir ideas, lo que optimiza la experiencia personal desarrollando al máximo nuestras habilidades. Entonces, ¿cuál es realmente la dificultad dentro de la comunicación?

 

En ocasiones, tal parece que en nuestra labor como maestros en la Escuela Bíblica no logramos llevar el mensaje a nuestros alumnos. Consideremos que en la comunicación es tan importante lo que se dice (comunicación verbal) como lo que no se dice (comunicación no verbal). Lo que se puede poner en palabras es verbal y es el medio más utilizado para comunicarnos objetivamente, mientras que lo no verbal se compone de los gestos que expresan estados anímicos y actitudes personales. Los gestos de afecto y desaprobación influyen sobre nuestra conducta y nos van formando como individuos. Ahora bien, ¿escuchamos lo que se está hablando? ¿Nos escuchamos a nosotros mismos?

 

Oír y escuchar son dos conceptos distintos. Durante el día se oyen muchas cosas, pero mjuy probablemente se escucha poco.  Escuchar significa prestar atención a lo que se oye”, mientras que oír es percibir con el oído los sonidos”. ¿Cuántas veces te has quitado el teléfono de la oreja cuando una persona, un amigo o familiar te habla para contarte sobre un problema o inquietudes que está expresando? Saber escuchar es un hecho activo que conlleva un proceso fundamental para una comunicación eficaz. Saber escuchar es difícil, ya que exige dominio de uno mismo e implica atención, comprensión y esfuerzo por captar el mensaje del otro. Significa dirigir nuestra atención hacia el otro tratando de separarnos por un momento de nuestros propios prejuicios personales (que todos los tenemos), penetrando en su entorno de interés y marco de referencia.

Escuchar es una habilidad que requiere apertura, claridad y deseos de comprender. El balance entre saber escuchar y saber hablar produce el diálogo. ¡Cuán importante para nuestra labor como maestros es esta palabra que conlleva una acción profunda de entendimiento! Escuchar nos hará aprender más cosas en el camino que simplemente hablar. Uno de los mayores errores que cometemos en el área de la enseñanza es creer que los maestros sólo enseñan sin tomar en cuenta que los alumnos les pueden mostrar una infinidad de verdades que aún no conocen. Esto sucede al escucharlos.

Nuestro Señor Jesucristo no dio el ejemplo de escuchar a las gentes, especialmente los que tenían alguna necesidad de salud o salvación. Su intención siempre fue y es la de ponerse en el lugar de la persona necesitada, entenderla, hacerla sentir aceptada y digna de ser atendida. Luego, procedía frecuentemente a preguntarle a la persona con interrogantes dirigidas a una autoevaluación de la necesidad real. Ejemplo de esto lo podemos apreciar en varios encuentros entre Jesús y las personas de los pueblos donde ministraba.[1]

Hay que aprender a escuchar a nuestros alumnos para que nuestros conocimientos y experiencias puedan tener un impacto positivo en el caminar de ellos; entender que no es sencillo convertirse en el destinatario principal de sus ideas. Debemos separar un tiempo específico para asumir el papel de receptor. Solo así podrán mejorar nuestros procesos, expectativas y habilidades dentro de la enseñanza de la Palabra de Dios. Solo así estaremos modelando una de las destrezas más importantes que todo maestro cristiano debe modelar.

Entonces, también es necesario enseñarlos a escuchar partiendo del ejemplo personal como modelo de comunicador eficiente que posee dominio de las habilidades comunicativas; proponer actividades que favorezcan el aprendizaje adecuado para desarrollar la habilidad de escuchar y que esta se convierta en un hábito. Durante la clase, es indispensable la motivación constante para lograr una plena atención. Hay que propiciar el buen entendimiento de todas las partes de los procesos de enseñanza-aprendizaje de tal forma que surja un diálogo maestro – alumno y entre los propios estudiantes, favoreciendo la participación de todos. El maestro debe habituarlos a mantenerse en silencio cuando los otros hablan, a no interrumpir, a solicitar la palabra y esperar su turno para expresarse, a mostrar atención e interés hacia lo que dicen los demás.

Vivimos en una sociedad en la que muchas personas necesitan ser escuchadas. Al ser capaces de escuchar se abre la puerta de la comunicación. Es importante no subestimar la capacidad de escuchar como maestros. ¡Practiquemos la capacidad de saber escuchar!

 

[1] En Marcos 10:46-52, se registra el clamor del ciego Bartimeo cuando escuchó que Jesús iba por uno camino de salida de Jericó. Cuando le trajeron al ciego, Jesús le pregunta “¿Qué quieres que te haga?”. Lo interesante es que viendo la condición física que limitaba su visión, Jesús vio más allá de su aparente necesidad física; miró su corazón.

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