Mejor educarse que...

Mejor educarse que…

En cierta reunión celebrada hace varios años atrás, se estaba ofreciendo un resumen de progreso de varios ministerios. Uno de los ministros que informaron, habló con diligencia, pasión y muy organizadamente. Uno de los miembros, con bastante preparación académica, le dijo lo siguiente al informante: “la letra mucha letra mata…” Supuestamente, este miembro se estaba basando en el versículo de 2 Corintios 3:6 donde el apóstol Pablo se refiere a otro asunto totalmente diferente según el contexto del libro bíblico citado a medias. Tal parece que era más una crítica no constructiva sino descontextualizada de las Sagradas Escrituras que una expresión sabia y prudente. En vez de servir de motivación y dinamismo en el Señor, lo que se percibía era un ambiente de desconocimiento e ignorancia.

La dinámica anterior trae a mi memoria un adagio que mis abuelos y padres referían con frecuencia: “La ignorancia es atrevida”. Recuerdo que enfáticamente me estimulaban a prepararme académicamente hasta lo más altos niveles que pudiera alcanzar ya que ellos no tuvieron la misma oportunidad ni recursos. Mientras crecía, fui tomando conciencia acerca de la exhortación amorosa y sensata de mis predecesores. Sin embargo, escuchaba lo contrario, aún desde muchos “púlpitos”. A pesar de todo obstáculo psíquico o espiritual que muchos intentaron infundir, finalmente “las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”. Esto ocurrió cuando decidí escuchar la voz firme y dulce del Espíritu Santo que me encomendaba a estudiar en la universidad; posteriormente, en el Seminario; actualmente, en la finalización de un doctorado en educación de la Universidad Complutense de Madrid. Todo ello lo digo no por vanagloria; sino más bien como una palabra de ánimo a jóvenes y adultos latinos que declara: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Si yo lo pude lograr en Dios aunque siendo pobre y saliendo de un lugar que ni la policía se atrevía a entrar debido al alto nivel de incidencia criminal que prevalecía en la comunidad, tú también puedes en el Señor.

El Libro Sagrado dice en Eclesiastés 7:11-12 (RV1960) que “Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol. Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.” Es cierto que todo es vanidad en la vida, todo es pasajero según Qohelet, el predicador del libro. Por otro lado, también es menester que nos gocemos en el fruto de nuestro trabajo en el Señor, donde la sabiduría es mejor que la fuerza y que las armas de guerra; donde la ley de Dios (la letra) es más dulce que la miel que la que destila del panal de la abejas. Es aquí donde podemos declarar que la ignorancia, aunque es gratuita y al alcance de los perezosos, puede acarrear consecuencias funestas, mucho más costosas que cualquier educación que procuremos.

En pleno siglo 21, algunos se surten de excusas artificiosas para no salir de la ignorancia. Unos dicen que la educación es costosa. Otros, se refieren a ella como si de un espíritu demoníaco se tratara. Pero los que servimos a un Dios vivo, conocedor de todas las cosas, no somos como los que retroceden en sus propios pensamientos o excusas. Nosotros, debemos ser “como los que sueñan” en Cristo. Nosotros, debemos procurar la sabiduría de Dios, especialmente en medio de tiempos tan difíciles como los actuales. Nosotros, debemos prepararnos y educarnos a pesar de todo. Mejor es educarse de acuerdo con la voluntad de Dios que ser desconocedores y cavilar confusos acerca de lo que seremos o lo que haremos con lo que creemos saber.

– Por Enrique A. De Jesús

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